jueves, 18 de diciembre de 2008

Somos malas.com

Le muestro a Lorena Bobbit la foto de la novia del chico que amo desesperadamente y me dice:
-Es horrible, tiene la piel espantosa y sé que no tiene labio leporino, pero parece!
-Pero está de novia con X! Yo tendré linda piel y seré bonita pero NO estoy de novia con él! Es más de lo que tengo yo.

Luego me reencuentro con viejas amigas y una, que tenía un problema de labio leporino y fue operada, cuenta una historia muy romántica: su actual novio se enamoró perdidamente de ella estando en pareja con otra y teniendo un hijo, dejó a su mujer y se casaron al poco tiempo, y ahora están felices esperando un bebito.
Le cuento a Lorena y me dice:
-Wowo, es una historia perfectamente romántica!
-Sí, lástima que esas cosas no nos pasan. Esas cosas le pasan a otra gente. Esas cosas le pasan siempre a la gente con labio leporino.

Más tarde.
Diálogo con Lorena. Otra vez sobre la novia de mi amado.
-Mi compañero de trabajo me dijo que tal vez sea brasileña... por el nombre y todo...
-Naaaah, qué brasileña, esa mina es más argentina que el colectivo y el dulce de leche!
-Ella es de la tierra de mujeres divinas..!
-Seh!
-...pero no es una de ellas!

PLOP!

lunes, 15 de diciembre de 2008

Refranes

Dicen las viejas chotas que "en casa de herrero, cuchillo de palo", todo bien. Excepto cuando llegás para depilarte y ves que la hija de puta que te va a volcar cera en el cuerpo tiene los sobacos peludos y un incipiente bigote.

Ojo, tampoco era Kataldo Cuafer. Era una de esas en las que te sirven daiquiris mientras ponen el punchi-punchi mas taaap que hay.

No sé a que corno iba esto, pero no quería dejar de compartir este hermoso momento "Un día en el maravilloso mundo de Yiya"

viernes, 12 de diciembre de 2008

OIME UNA COSA, HIJO DE UN VAGON DE GRANDES PUTAS

Chupame un poco la concha. De nuevo, pero esta vez con otro sentido.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Yo sé que te dejé y te mandé a la desfondada concha de tu puta madre, perooo

Estoy en la oficina y no puedo dejar de mirar por la ventana y pensar que preferiría estar en una de las habitaciones del telo de enfrente, retozando con vos y haciendo una y otra vez la chanchada.
Mecago.